Archive for 26 mayo 2010

Nadie

mayo 26, 2010

El olor del café barato llegó hasta su nariz provocando una mueca involuntaria. “Huele a trapo mojado”, pensó distraído mientras miraba por el sucio cristal de la minúscula ventana. La décima era un adelanto del apocalipsis. Barro por todas partes, lluvia eterna, ladrones, un caballo viejo y flaco halando una carreta, un perro lanudo y sucio ladrando ronco, todos tan apurados corriendo hacia ninguna parte. “Los hechos, solo los hechos, nada de divagaciones” se dijo a sí mismo quitando los ojos del sucio cristal y de la apocalíptica décima. Solo que los hechos cada vez le gustaban menos. “Soñador de tiempo completo, ese sí sería un trabajo, eso sí lo haría con gusto”, pensó con su clásica media sonrisa de resignación.

Revolvió los papeles de su escritorio, ningún pendiente, nada excepto alguna vez beber un buen café. Una sombra se materializó en el cristal esmerilado de su despacho. Con curiosidad observó que el picaporte de la puerta giraba decidido. Un hombre alto, gordo, de negros y descuidados bigotes entró mirándolo con curiosidad. El pésimo gusto para vestir, los largos pelos que salían de la nariz, y la brillante calva que completaban la fisonomía del desconocido visitante despertaron su interés, abrió sus ojos buscando aprender de memoria cada rasgo de su extraño visitante. -¿Usted es Mr. S. Investigador Privado?-dijo el visitante con una vocecita aguda que para nada correspondía con su tamaño y apariencia. -Sí, ¿en qué puedo ayudarlo? respondió Mr S., perdiendo interés al comprobar que era uno más de los tristes personajes que había conocido en sus treinta y siete años como investigador. “Otro esposo engañado”, pensó con desilusión.

-Usted es bueno, muy bueno. Usted me descubrió, por eso vine- dijo el visitante al borde de la histeria mientras sacaba un negro revolver calibre treinta y ocho. Con mano temblorosa disparó tres veces. Falló en dos, su único acierto resultó mortal.

“Así que soy muy bueno” alcanzó a pensar Mr. S., recordando que durante treinta y siete años había pensado en sí mismo como un mediocre aficionado que jugaba a ser profesional. Con horror comprobó que no tenía ni la más mínima idea acerca de la identidad del visitante, jamás lo había visto. En medio de un suspiro de desengaño murió. Nadie lo extrañaría.

Mientras suena: Paint it black. The Rolling Stones.

Fantasmas

mayo 19, 2010

Un temblor en la pierna derecha. Sus dedos apretaron con fuerza el tenedor hasta que sus nudillos quedaron blancos. Una súbita dilatación de las pupilas alarmó a su compañera de mesa. La cena pasó a un segundo plano cuando tras una profunda inspiración inició una retahíla que iniciaba con un sol que caía lento entre las ramas desnudas de un árbol plantado al lado de la vieja capilla a dos cuadras del puerto (el puerto otra vez el puerto), seguía con una descripción de unos ojos cambiantes según la luz, unos ojos  que lo miraban con una expresión entre tierna y lujuriosa dependiendo de los sitios por los que pasaran sus manos que oscilaban entre su pelo revuelto y la foto de Joey Ramone y sus muchachos ubicada sobre su tentador pecho. Un silencio de dos segundos, suficiente para una segunda inspiración, un salto de varios años, una nueva retahíla que iniciaba en un aeropuerto cubierto de nubes grises, lleno de aviones grises y de personas grises, una nueva y casi idéntica descripción de unos ojos cambiantes según la cantidad de lágrimas vertidas, un abrazo intenso que nunca terminó del todo, nunca se soltaron.

Su pierna dejó de temblar, sus nudillos volvieron al color natural, en sus ojos una sombra de nostalgia suficiente para llenar de silencio lo que quedaba de cena. Su compañera de mesa bajó la mirada concentrándose en la pasta y en el fascinante pan de ajo, obligando a las lágrimas a permanecer muy adentro, preguntándose si algún día dejarían de visitarlos los fantasmas. En silencio terminaron de cenar y recogieron la mesa.

Mientras suena: Winterlong. Pixies.

Rojizo

mayo 12, 2010

Una mancha rojiza vista apenas con el rabillo del ojo derecho lo obligó a levantar la cabeza, giró hacia la ventana para llenar sus ojos con un rojo cobrizo que se encendía por contraste con el negro resbaloso de las noches lluviosas de la ciudad de los cerros. Un caminar dubitativo, una mano blanca apoyada contra una pared; levantó la ceja izquierda como hacía cada vez que algo llamaba su atención. -No puede ser-susurró, con dificultad tomó el bastón que descansaba sobre la mesa, caminó arrastrando los pies hasta la puerta, ochenta y un años no eran fáciles de llevar, menos cuando el tiempo apremiaba. Sin importarle la eterna lluvia caminó hasta la blanca mano apoyada en la pared, el rojo cobrizo iluminaba exactamente igual a como lo recordaba en esa lejana mañana de 1860 cuando apenas contaba diez años. -No puede ser, tienes que ser su nieta, eres idéntica-dijo ahogando un ataque de tos. Unos ojos color miel lo miraron sin verlo, traspasándolo, un parpadeo y una luz de reconocimiento en los ojos color miel. -Hola. Nieta no. Soy yo-dijo ella con una sonrisa ausente y cálida.

Una extraña sensación de peso se apoderó de su cabeza. Sin importarle los charcos se sentó apoyando la espalda en un poste que titilaba una luz amarillenta y cansina. Una blanca mano se apoyó en su cabeza, una sonrisa teñida del cobre de su pelo se instaló en sus ojos. -El tiempo no me visita, se ha olvidado de mí, no puede encontrarme porque no duermo. Hace setenta y un años que no duermo. No doy más. Ayúdame. Mátame por favor- dijo ella con el miel de sus ojos extraviado, mirando sin ver, con la mirada característica de quien ya no habita eso que algunos llaman realidad. -Por favor…- Dudó. Y sin embargo allí estaba, envuelta en su rojiza aura tal y como esa lejana mañana de 1860. -No puedo, no puedo…-sollozó vencido por el cansancio de sus ochenta y un años. Ojos miel sin esperanza, un caminar cansino, un fulgor rojizo que se alejaba internándose en un oscuro callejón. Un regreso lento y pesado a la casa de paredes blancas, tejas de barro y lúgubre patio interior. Un encuentro que nunca más le permitiría conciliar el sueño.

Mientras suena: Flor de metal. Victoria Sur.

Dos hermanas

mayo 5, 2010

El exterior no tenía nada que ver con el interior. Pisos limpios, decoración típica de dos hermanas solteronas de más de setenta años, un poco atiborrada eso sí, fotos familiares, figuritas de porcelana, cuadros con paisajes, carpetas bordadas, muchas antigüedades que aun tenían una función real. Era como entrar en otro mundo, en otra época, algo insospechado al observar la casa desde el exterior.

Se alquila habitación. Excelente ubicación. Decía el aviso clasificado, la ubicación sí que era excelente, a dos cuadras de Transmilenio, cinco del Park Way.  Justo en ese barrio tan bonito, tan tranquilo, tan lleno de casas viejas Muchas de ellas eran ahora oficinas. Unas cuantas seguían siendo viviendas familiares aunque al parecer solo ancianos las habitaban. Otras tantas hacían las veces de solución de vivienda a personas solitarias, funcionando como pensiones.

Llevaba apenas dos semanas en la ciudad de los cerros. Extrañaba mucho su pueblito costero, su vida tranquila, el clima ardiente. Un futuro como pintor que el pueblito costero no podía darle. Una exposión improvisada en la capital provincial, un descubridor llegado desde la ciudad de los cerros, cinco cuadros vendidos, un porvenir brillante, un pasaje a la ciudad de los cerros, un sueño y una sonrisa permanente.

Dos semanas en casa de su descubridor habían bastado para mostrarle que no era tan brillante el porvenir. Un serio disgusto por cuenta de su afición al ron puro y la serena belleza de la hija de su descubridor, lo obligaron a buscar una nueva vivienda, “para no dañar nuestra relación profesional” según dijo su amable pero siempre serio mecenas. Una contribución muy generosa para los próximos meses en su bolsillo derecho, un atado de ropa, materiales para seguir pintando su brillante futuro, dos panes y un yogur fue todo lo que se llevó de casa de su mecenas.

Jardín completamente descuidado, pintura cayéndose, casi parecía una casa abandonada. Estuvo apoyado en la reja durante siete minutos pensando qué hacer, tocar o no, revisando una y otra vez la dirección. “No pierdo nada” pensó mientras tocaba. El interior de la casa sumado a la dulzura de las dos ancianas lo convencieron de haber encontrado su nuevo lugar en el mundo. Decidió pagar dos meses por adelantado, demostrando así su seriedad, ya tendría tiempo de hacerse con una botella de ron.

La cena estaba incluida en el valor del alquiler. Una carne deliciosa y tierna le fue servida, fue incapaz de decir no a las tres repeticiones de plato ofrecidas. Mucho sueño y pesadez lo invadieron, no le extrañó debido a la enorme cantidad de carne ingerida. Lo que sí le extrañó fue ver a las dos ancianas en su cuarto. Aun más extraña fue su incapacidad para moverse o articular palabra, ni siquiera pudo gritar cuando las dulces ancianas empezaron a cortar su carne cuidando muy bien de extraer jugosos filetes de carne humana. “Ya tenemos cena para dos semanas” dijo la mayor de las dulces ancianas, su hermana sonrió y continuó cortando.

Se alquila habitación. Excelente ubicación. Diría el diario al día siguiente.

Mientras suena: Psycho killer. The talking heads