Bárbara

Noviembre 19, 2009 por Danilo

Inspirado por la avalancha de libros, películas, series y demás que trataban el asunto del amor entre colegas suyos y adolescentes; el vampiro empezó a merodear el exclusivo colegio para señoritas cercano a su morada. Con la paciencia propia de su larga vida las examinó una a una. Para no escapar al cliché escogió a Bárbara. Muy blanca, de pelo muy negro y largo, silenciosa, melancólica, soñadora. Poco a poco se ganó su confianza, lentamente, como el paso del tiempo cuando se está aburrido, Bárbara se enamoró de él. Decidido a continuar con el cliché la invitó a su morada dispuesto a decirle la verdad.

No tuvo paciencia para secar sus venas. En un abrir y cerrar de ojos sacó hasta la última gota de sangre del cuerpo de la bella Bárbara. Sumergió su cuerpo en una solución conservante para preservarla de las ruinas del tiempo. Un hermoso trofeo. Era demasiado viejo y estaba demasiado hambriento para seguir creyendo en cursilerías y clichés.

Mientras suena: Two minutes to midnight. Iron Maiden.

Caída

Noviembre 9, 2009 por Danilo

Mal hermano. ¿Se acuerda que decíamos que ya estábamos curtidos? Eso ya no afecta, ni duele, un resbalón más en la colección no cuenta. Valen los primeros, cuando no se sabe muy bien como funciona eso de levantarse, y menos si no se sabe para qué levantarse. Pero claro viejo, uno cierra los ojos y como quien no quiere la cosa va reuniendo fuerzas muy chiquitas, que casi no se ven, casi ni cuentan, pero un día usted las suma y resulta que sí sirven, que ya se levantó y no se dio cuenta como. Y ahí hermano es cuando uno se equivoca, porque cree que ya sabe como es la jugada, cree que es cuestión de repetir los mismos pasos, claro es que la euforia de la victoria (y uno sabe muy adentro que de victoria nada, si acaso es un empate) todo lo nubla, si usted se sienta a repasar qué fue lo que hizo pues va a notar que no tiene ni idea, pero eso en ese instante no importa, no es momento de ser aguafiestas, porque pa’lante es pa’allá como dice la idiota sabiduría popular, porque si de verdad el pueblo fuera sabio no estaríamos como estamos, pero no nos compliquemos y sigamos; uno está feliz en el error, lleno de confianza y de vuelta al piso, y otra vez a armarse de a pocos, con calma; porque a veces queda todo roto, en fin; es un círculo vicioso, muy vicioso si me preguntan, claro que se aprende, pero todo se olvida, mal hermano. Y lo peor es que esta vez no hay resbalones ni caídas, pero las veo venir hermano, ahí no más las veo.

Mientras suena: Comfortably numb. Pink floyd.

Esta vez sí.

Noviembre 4, 2009 por Danilo

Mucho frío. Cielo gris y encapotado. Gotas muy finas y pegadas entre sí caen sobre el parabrisas. Una sobredosis de azúcar es lo que se necesita para entrar en calor. Carro vacío. Nadie quiso ser compañía esta vez. Saben que este viaje es el definitivo. El último. La soledad nunca ha sido problema, eso ya se sabe, no se necesita nada más que un morral y ganas infinitas de encontrar el paisaje soñado, de seguir buscándolo si alguno se le parece, porque debe ser exacto. No es un sueño. Fue real, claro tenía cuatro o cinco años pero eso no le quita veracidad. No hay a quien preguntarle, la soledad nunca ha sido problema, ha sido desde hace muchos años una constante, ¿puede la soledad ser una presencia permanente? ya no quiere hacer preguntas extrañas, porque el tiempo apremia, algo sabe, algo siente. Lo que importa es encontrar ese sitio. Visto una sola vez pero nunca olvidado, evocado en las peores madrugadas, en las noches más largas; el escape perfecto.

Una parada. Una niña pequeña y de sonrisa triste es la encargada de la minúscula tienda. La última antes de iniciar al ascenso, baja de la vieja camioneta dando un portazo. Un chocorramo y una coca cola. Come y bebe despacio. Una sensación de calor lo envuelve lentamente instalando una sonrisa en su cara. Así es distinto. Vuelve la esperanza. Esta vez sí va a encontrar su sitio, esta vez el escape sí será definitivo.

 

Mientras suena: Numb. Portishead.

Apartamento

Octubre 26, 2009 por Danilo

A propósito de Halloween, un cuento escrito hace un buen tiempo.

-Por la libertad- dijo alzando su cerveza. Todos sus amigos, asistentes a la inauguración oficial de su primer apartamento alzaron las suyas riendo y gritando. El alcohol había corrido desde las 5.17 de la tarde, momento en el que se cerró la puerta dejando adentro todas las cajas y maletas en las que había empacado sus 24 años de vida. -Oigan son las 11 ya- dijo una rubia flaca de pelo crespo y cerveza en mano que respondía al nombre de Catalina y que debía cerrar un ojo para poder enfocar la pantalla del celular donde veía la hora. Pidieron 5 cajas de pizza, todas de pollo con champiñones. Los últimos en salir fueron Checho y Natalia, querían inaugurar a su manera todo el apartamento, es decir un cuarto, una salita, un baño y una cocina. El entusiasmo solo les permitió inaugurar cocina y salita, cuando iban por el baño decidieron que querían únicamente abrazarse, despedirse, dormir y dejar dormir.

“Por fin algo solo mío”, pensó en medio de la bruma de la borrachera, mientras se tiraba en el colchón que al día siguiente haría parte de una cama. Despertó dos o tres veces, un niño muy pequeño no dejaba de llorar, una mujer, tal vez la madre del niño decía -por favor duerme, cállate déjame dormir-.

Hubo varias señales, pero él se empecinaba en ignorarlas, como por ejemplo que no hubiera madres con niños pequeños en todo el edificio, que cada noche llorara más fuerte el niño, que la madre desesperada llevaba varias noches amenazando con matarlo si no dejaba de llorar. Debe ser en el edificio de al lado (sí claro el de oficinas, decía una vocecita en su cabeza), bueno el del otro lado (sabes que no, proseguía la vocecita), debe ser mi imaginación, no estoy acostumbrado a estar solo, pensaba cada noche antes de dormir, sabiendo que despertaría dos o tres veces por el niño que lloraba y su madre que lo iba a matar si no se callaba.

-Fue tu imaginación Lu- le dijo mientras trataba de calmarla -¡no!- gritaba ella, -ahí estaba y el bebé también, ahí, ahí en el baño-. Goticas de saliva volaban en todas direcciones mientras gritaba histérica. -Me voy- dijo Luisa- no voy a pasar la noche acá, vámonos por favor, te lo ruego.
-Estás histérica- le dijo él- cálmate y tratemos de dormir, ven no te vayas, ven… -le gritó a la puerta que se cerraba. Al pasar frente al baño vio la puerta entre abierta, y la sombra de una persona sentada en la taza meciéndose. Su corazón se desbocó producto del miedo más intenso que habría de sentir en toda su vida. Corrió hasta su cama y se cubrió totalmente temblando. Pasos pesados llegaron hasta el lado de su cama. -Tuve que hacerlo, no podía más, no podía, me iba a enloquecer- dijo la mujer parada al lado de su cama. -Tuve que matarlo, tuve que matarlo, tuve que matarme, tuve que matarme- decía una y otra vez. -Dejó de llorar, míralo- dijo mientras empezaba a correr la colcha que cubría su cabeza. Supo que esos tres segundos, eran los últimos que le quedaban de cordura, supo que iba a enloquecer irremediablemente en cuanto viera a la mujer que trataba de mostrarle a su hijo muerto.

Café en mano

Octubre 21, 2009 por Danilo

Siempre hace frío en esa ducha. Si por un momento usted se sale del chorro de agua caliente, se congela. Ese frío es ocasionado por el blanco níveo de las baldosas que cubren toda la superficie del baño. El viento helado que entra desde el patio y se mete por debajo de la puerta no tiene nada que ver. No. Son las baldosas. Son de un blanco imposible, demasiado cercanas a la nieve, demasiado ajenas a los cincuenta años de esta casa. Con toda la fuerza de las dos manos cierro la llave de la ducha. Sin embargo queda goteando. El ruido de una gota eterna le molestará, todo le molesta últimamente. Todo es una razón para un pero, para un reclamo. Me pasa igual. Nada me satisface. Todo me molesta. Somos cobardes. Colores, flores, tardes soleadas, todo eso se terminó, los años supongo, o los silencios llenos de reproches, no sé. Cobardes. Se nos pasaron los años y nada fue como quisimos sino como pudimos. Cobardes. Un punto final que hace mucho debió ser escrito y que ninguno fue capaz de poner. Esperando algo del tiempo. Esperando algo del otro. Esperando un milagro. Esperando. Sin actuar. Sin tomar riesgos. Sin decir adiós. Toalla en la cintura, agua cayendo desde la cabeza, café en mano. Adiós para siempre, a buscar los años perdidos.

Mientras suena: Serenata rap. Jovanotti.

Martes

Octubre 15, 2009 por Danilo

Sol y lluvia. Ciudad Bipolar como decía la vieja que tenía media cabeza rapada y media cabeza llena de un pelo rubio de comercial, esa a la que nadie le hablaba directamente pero todos la miraban y mirábamos, y le hacían comentarios indirectos mientras la miraban de reojo y la vieja respondía siempre con tan un humor tan bueno, tan negro, que cada vez que abría la boca algo pasaba en esa clase y se desataba una carcajada general, discusiones imposibles, teorías enloquecedoras, textos infernales, retratos angelicales. Terminaba la clase y  siempre el mismo grupo la esperaba, crestas, pantalones apretados, taches, botas, risa, cerveza, camisetas blancas… martes en la tarde para siempre, calles encharcadas, sol que quema, Ciudad Bipolar, la rubia fumando y con un movimiento de la cabeza se despide, camina perdiéndose en un martes ya muy lejano.

Mientras suena: All screwed up. The Ramones.

Viernes

Octubre 5, 2009 por Danilo

Siete de la noche de un viernes lluvioso. No entiendo porque la gente corre cuando llueve. Los he observado en sus frenéticas carreras y no sirve de nada, es casi como si corrieran al encuentro de la lluvia. Tal vez es eso lo que  quieren, tal vez no escapan de la lluvia sino que corren hacia ella. Un anciano se sube al bus. Empieza su letanía y nadie lo escucha, la misma historia tantas veces escuchada. En medio del ruido de las conversaciones y la pésima música alcanzo a escuchar que va a recitar una poesía. Interesado lo miro detenidamente. Barba larga de esas que toman años en crecer, es una barba perfectamente cuidada, sombrero de fieltro, traje de paño, ojos cansados, como si hubieran visto el mundo entero. Desvío la mirada, y el anciano empieza a recitar. Lo hace en un inglés de acento británico perfecto. Las conversaciones se detienen, la música pésima para. Durante cuatro minutos es el centro de atención de las cuarenta personas que tiritan de frío dentro de un bus viejo. Termina haciendo una ligera inclinación. La gente está muda, admirada. Aplaudimos como si lo hubiéramos ensayado. Revolvemos los bolsillos buscando monedas para el anciano. Alguien le pregunta dónde aprendió ese inglés tan bonito, con esa voz tan profunda que nos hipnotizó durante cuatro minutos. El anciano sonríe, es una sonrisa cansada, una sonrisa sin alegría. Solo menea la cabeza y encoge los hombros sin responder. Se baja y se pierde en una calle oscura. Lo sigo con la mirada preguntándome si alguna vez conoceré su historia.

Mientras suena: Sunday morning. Velvet Underground.

Infierno

Septiembre 30, 2009 por Danilo

No dan ganas de nada. Ni moverse. Ni pensar. No se como sea para usted, para mí es así. Es como si no estuviéramos acá, como si algo hubiera pasado y de un día para otro despertamos en un sitio completamente diferente. Las calles ardiendo, un viento caliente que solo sirve para levantar nubes gigantes de un  polvo que no deja respirar. Personas sentadas a la sombra, abanicándose con lo primero que encuentran a mano, ni siquiera los perros ladran, se limitan a respirar muy rápido y a abrir los ojos de cuando en cuando. Esto no puede ser real hermano. Nos robaron la lluvia, el viento helado, la gente saltando charcos, los perros mojados que huelen horrible, las manos en los bolsillos. Como Rip van Winkle, así me siento.

Va despacio la cabeza, y eso es desesperante, peor que la vez que tuve que soportar durante cuarenta y dos minutos a la fanática de coelho, esa que soltaba cada dos minutos frases acerca de los sueños, el universo, la importancia de la visualización en la ley de la atracción, pero que nunca dijo nada concreto, nunca me explicó sus sueños, ni mucho menos su plan para lograrlos, ahora pienso que no los tenía, tan solo un repertorio de frases y lugares comunes llenos de una dulzura y un positivismo tan irreales, que yo y mi cinismo solo pudimos reír sin parar, viejo lo peor fue cuando entrecerró los ojos y recitó completa una canción de un guatemalteco que nunca leyó un libro en su vida;  este bochorno es peor que todo eso, este calor que derrite los pensamientos antes de que sean palabras, que no deja caminar, que llena la garganta de un aire seco que produce tos, sed y ganas de acostarse y vivir de noche, esa debe ser la solución, el día ya no es soportable, tal vez la noche todo lo mejore, probaré y le cuento; y me acuerdo de todo esto porque esa vez al final de los cuarenta y dos minutos de infierno la pobre y positiva fan de coelho no soportó más mi cinismo o su fracaso como profeta de esa nueva y extraña religión y vació sobre mi cabeza un vaso de agua helada, que es justo lo que quisera hacer ahora porque no soporto más este infierno.

Mientras suena: The KKK took my bay away. The Ramones.

No

Septiembre 22, 2009 por Danilo

Con el tiempo se le va tomando práctica. A estas alturas del partido ya no duele decir no. Ya no se duda. Ya se hizo y se deshizo. La curiosidad está relativamente saciada. Aun hay preguntas, muchas preguntas pero sacar un no como respuesta, no es problema. Claro que esta vez sí me ha costado. No estaba seguro de ese no que parecía tan correcto, tan lo que se debe hacer así duela. Porque siendo honesto puede ser una de las últimas oportunidades. Es ahí donde duele ese no. Es muy posible que haya dejado ir el último tren, es más el último vagón del último tren y sin fuerzas para seguir corriendo.

A ver, recapitulemos. Compañía he tenido. No hay porque quejarse. Buenas compañías, malas compañías; en este momento da igual, los recuerdos todo lo suavizan, todo se supera, es como sentarse a ver el atardecer de un día bien vivido. La sensación de paz es la misma. Y no solo paz, alivio, como cuando se termina una labor que demandó un gran esfuerzo. Alivio y satisfacción. Así me sentía. Claro, nada es para siempre. Y esa sensación se fue. Ahora dudo de ese no tan correcto. Ya no hay satisfacción, De nuevo hay curiosidad. Además está la ridícula sensación de tener muchos años menos.  De nuevo el corazón acelerado, de nuevo los chistes tontos, las risitas, las miradas como quien no quiere la cosa. Y a estas alturas del partido. Sigamos con la honestidad. Cincuenta y cinco años. Plateado en las sienes. Arrugas en los ojos así no esté riendo. Del otro lado, veintiseis años. Huequitos en las mejilla cuando ríe. Pelo muy negro y ondulado que  juega con el viento. Carajo, tan viejo y tan cursi. Y la pregunta del millón, ¿qué me ve? ¿qué quiere ella de veintiseis con un viejo de cincuenta y cinco? Ya no lo sabré. Ya le dije no. Ya dejé ir el último vagón. Y sin embargo aun me quedan fuerzas para una última carrera. Aun tengo muchas preguntas. Quiero tener una última ilusión. Quiero arriesgarme, equivocarme ydecir sí. Allá voy, a ser cursi de nuevo. La voy a buscar.

Mientras suena: Electric feel. Mgmt.

Tierra

Septiembre 15, 2009 por Danilo

El abuelo se entristece y dice que dañaron una tierra hermosa, que esa era la hacienda del doctor, el papá de la niña que murió a los seis años, que el doctor no resistió la tristeza de la pérdida, que también murió, que eran las mejores tierras. Lo escucho y le juro que trato de ver lo que él ve, claro que es más lo que ve hacia adentro y hacia atrás; trato de viajar en el tiempo y ver las mejores tierras. No puedo, no me sale la nostalgia necesaria para viajar al pasado y menos a un pasado tan borroso y lejano. Subo la cremallera de la chaqueta; click y la enésima imagen de la represa queda grabada, me pregunto cuánto tiempo dura una fotografía digital. Dos giros y ahora las fotos en blanco y negro, uno más y son sepia. Las fotos en sepia no tienen cuando. Están ahí suspendidas en un limbo. No hay casas, ni carros, ni gente, no hay tiempo, solo viento y agua, un sol que no calienta. Una nostalgia prestada, la que se siente al ver la tierra de los abuelos, la tierra que nunca fue mía y sin embargo se extraña. No hay lazos, no hay pasado, el abuelo cortó todo y emigró. Y aún así, ¿por qué extraño esas montañas? ¿por qué añoro esa vida apacible que nunca conocí?, ¿qué hay en la tristeza del abuelo que ha transmitido a sus hijos y sus nietos ?  Ni idea. Conversaciones de noches enteras no nos acercan a la respuesta. Solo sabemos que un día, así de la nada, sentiremos esa extraña añoranza y viajaremos una vez más a ver la tierra del abuelo, montañas, viento, agua.

Mientras suena: Que bien huelen los pinos. El último de la fila.