Viajando

Febrero 3, 2010 por Danilo

Cerró el libro lentamente.  Miró por la ventana tratando de esconder las lágrimas que empezaban a acumularse y a buscar una salida. Sacudió la cabeza pensando que no entendía muy bien porqué lloraba.

Un mes llevando una doble vida. Una llena de dolores y limitaciones. Se daba ánimo recordando que la recuperación sería dolorosa y frustrante pero que no dejaría mayores secuelas. Tal vez un dolor en su pierna izquierda los días de lluvia. Tal vez. Aun era pronto para saberlo. Otra llena de emociones. En otro sitio y en otra época. Lejos en el tiempo y en el espacio. Muy lejos. A veces no quería regresar. Sin embargo tarde o temprano regresaba. Sonrió pensando que cada vez regresaba más tarde. Observó lo que le faltaba y suspiró resignada. Dentro de poco no viajaría más. Dentro de poco habría un último regreso.

Tomó lápiz y papel. Conmovida escribió una carta. Una carta de agradecimiento. Recordó que estuvo un buen rato palpando el tosco papel en el que iba envuelto el paquete. Un papel diferente, un papel que solo a él se le ocurriría utilizar para envolver un regalo. Tres días después del accidente él dejó el paquete sobre la cabecera de su cama. Sabía que cuando la dieran de alta y regresara a casa, sería lo primero que vería. Se estiró y trató de acomodarse mejor, a veces no había forma, una sola y permanente incomodidad independiente de la postura que adoptara. Suspiró y siguió recordando, al abrir el paquete una nota cayó sobre sus piernas. “Mucho mejor que la máquina del tiempo que algunas vez soñamos”. Nada más.

Sonrió y se dispuso a seguir viajando, abrió el libro y continuó leyendo.

Mientras suena: You’re my star. Stereophonics.

Miércoles

Enero 27, 2010 por Danilo

Lleno de agua su mano izquierda. Pegó la quijada contra el pecho y forzó sus ojos a mirar hacia arriba. En esa incómoda posición podía ver en el espejo el rebelde mechón que en la parte de atrás de su cabeza se resistía a adoptar una posición convencional. Aplastó el rebelde mechón y lo acomodó con el agua que tenía en su mano izquierda. Satisfecho con el resultado, metió la camisa dentro del pantalón y se puso el buzo azul oscuro que completaba el uniforme de su colegio.  Era temprano, eran las 9 am y las clases comenzaban al medio día. Solo que ése como todos los miércoles tenía una importante cita.

Con manos temblorosas apuntó el cinturón en el último hueco. Si seguía así pronto tendría que abrir más huecos en su viejo y querido cinturón. Buscó una corbata que hiciera juego con el pantalón que había escogido para ese día. Anudó la corbata, se puso un elegante sombrero de paño, tomó el bastón y con paso vacilante caminó hasta una panadería cercana. Compró dos coca-colas. Caminó de regreso sintiéndose alegre y ligero. Preparó el tablero de ajedrez y se sentó a esperar la visita más importante de la semana.

Con el paso alegre y distraído de los niños recorrió rápidamente las cinco cuadras que lo separaban de su destino. Se detuvo en la panadería y compró dos galletas cubiertas de chocolate. Las galletas de panadería eran las favoritas de los dos. Tal vez era un gusto heredado. Salió de la panadería y echó a correr imaginando que cabalgaba un imponente y veloz caballo. Golpeó la aldaba cuatro veces, como siempre, era su forma de tocar especial que solo conocían los dos. Unos pasos lentos e inseguros se acercaron a la puerta.

-Hola abuelito, ¿jugamos ajedrez?

Eran los mejores amigos. Y los miércoles el mejor día de toda la semana.

Mientras suena: Learning to fly. Pink Floyd

Nada

Enero 12, 2010 por Danilo

Estaba buscando el camino de regreso, hermano, otra vez caminando por esas calles chiquitas empedradas, buscando ese parque escondido entre las casas que ahora son oficinas, otra vez cruzando las calles huyendo del sol, no de los carros, ¿se ha dado cuenta que cada vez más ciegos manejan? no ven a la gente, no ven las señales, a duras penas ven otros carros, todo mal hermano. Ya sé que empezamos de nuevo, que el sol brilla, que la esperanza del nuevo año, ¿y si le digo que no veo nada de eso? treinta y uno y primero son lo mismo; pero bueno no nos amarguemos, otra vez chocorramo y coca cola, porque todo gira y cae en el mismo sitio, mucho cambio, mucha promesa, y acá estamos otra vez. Encontré el parque, de nuevo perdido por la calles chiquitas y empedradas, claro hermano, lo encontré y no me gustó, otra vez adiviné la forma de las nubes y entendí lo que significaba. Mal hermano, busqué lo que no era. Toca seguir.

Mientras suena: Nada. Zoé.

Violeta triste

Enero 5, 2010 por Danilo

De fondo Portishead por supuesto. La dulce voz de Beth Gibbons sube hasta el techo, baja por las paredes dejando un rastro verde azulado a su paso. Cruzando el río de carros, niños, estudiantes, perros abandonados, trabajadores que miran sin cesar su reloj, vendedores de piña y mango, allá en la otra orilla, a cinco pisos de altura una ventana.  Una ventana que a veces tiene cortina  a veces es solo cristal. A veces unos ojos violeta triste a veces un reflejo de su gemelo de siete pisos, a veces los ojos violeta triste se esconden detrás de unas gafas de marco grueso muy de moda en aquellos años, a veces muerde su pelo brillante en un gesto nervioso pensativo aburrido, a veces el vacío de una ventana abandonada.

Visiones en las que reune valor y cruza el río de carros, niños, estudiantes, perros abandonados, trabajadores que miran sin cesar su reloj, vendedores de piña y mango; cruza y llega hasta la ventana. Cruza y a treinte y nueve centímetros una mirada violeta triste no puede ocultar su sorpresa.

Y sin saberlo, ni sospecharlo una mirada violeta triste también sueña con cruzar el río de carros, niños, estudiantes, perros abandonados, trabajadores que miran sin cesar su reloj, vendedores de piña y mango.

Mientras suena: Numb. Portishead.

Pulgas

Diciembre 29, 2009 por Danilo

Siguiendo un impulso, aceleró y tomó la vía que llevaba al tradicional mercado de las pulgas que solía visitar los domingos soleados de su juventud. Ocho años habían pasado desde su última visita. Esa vez estuvo siete minutos. Caminó sin rumbo, no resistió y se fue.

Caminó despacio, redescubrió las calles que llegó a conocer de memoria.  Sonrió mientras levantaba la cara hacia un sol que competía con una suave brisa que bajaba de los cerros. Sol y brisa se combinaban formando un clima perfecto de domingo. Compró una cerveza, bebió lentamente mientras buscaba los toldos de libros usados. Un viejo de voz clara y potente cantaba tangos que salían de su alma. Conmovido lo observó un rato. Viejos recuerdos cayeron ensombreciendo su ánimo. Sacudió la cabeza y continuó su camino.

Mientras regateaba por una vieja edición de ‘Sobre héroes y tumbas’ una mano tocó suavemente su hombro. Giró, el vacío que nació en su pecho bajó rápidamente debilitando sus piernas. Ocho años, cinco meses después de la última vez que estuvieron frente a frente, se encontró de nuevo con la mujer que había sido su más grande sueño.

-Hola-dijo ella con una sonrisa nerviosa.

-Hola-respondió él con voz temblorosa y apenas audible.

-Vine a pasar las fiestas. En tres días me voy de nuevo. Es raro, ¿sabes? tuve un impulso irresistible de visitar el viejo mercado de las pulgas. Bueno, ya sé porqué debía venir.

Sonrieron con alegría, sin incomodidad y se fundieron en un fuerte y largo abrazo. Una vocecita que decía mamá los obligó a separarse. -Tiene tus ojos-dijo él sintiendo un nudo en la garganta. De la mano de la preciosa niña de cinco años caminaba un gigante de ébano. Con un suspiro de resignación reconoció para sí que era un tipo con una facha impresionante. Formaban una pareja perfecta. Brillaban por separado, encandelillaban juntos.

-Ella es Natasha mi hija, él es Antoine mi esposo- dijo ella alegremente. Con su mejor sonrisa los saludó e hizo las preguntas corteses de rigor. Con la impaciencia propia de los niños pequeños Natasha tomó la mano de su padre y echó a correr.

-Debo irme. ¿Sabes algo? A veces me arrepiento.

Él sonrió y no dijo nada. De nuevo se fundieron en un fuerte e interminable abrazo. Se separaron. Metió las manos en los bolsillos, silbó una canción alegre, sintió ligero su ánimo. Por fin después de ocho años y cinco meses empezaba a olvidar.

Mientras suena: Believe. Trans-siberian Orchestra.

Bulto

Diciembre 16, 2009 por Danilo

-Buenas noches padre.

-Buenas noches-respondió el párroco sin volverse a ver. Le dio dos vueltas más a la llave. Haló la puerta dos veces para asegurar que estaba completamente cerrada. ‘Con estas puertas viejas nunca se sabe’ pensó mientras se daba la vuelta.

-Estoy de salida, mañana a las 8 estaré en el despacho de nuevo. Vaya con dios.

-Padre solo vine a entregarle esto-dijo la anciana mientras estiraba la mano y mostraba un paquete. -Es chocolate artesanal, receta de familia, usted sabe-continuó con una enigmática sonrisa.-Es exclusivo para usted. Y tenga cuidado el mal anda rondando por acá.

-Muchas gracias. Por el chocolate, que huele delicioso, y por la recomendación. Nos vemos mañana-dijo el párroco mientras sonreía y arrancaba a caminar con pasos ágiles y decididos.

Debe ser nueva por acá, nunca la había visto. Pensó mientras aceleraba el paso. ‘Cuatro cuadras hacia el sur y siete hacia el occidente, acuérdese padre, la casa de la palmera’ recordó las intrucciones de Juanita. Un quejido lo sacó de sus recuerdos, miró hacia la derecha un bulto con forma humana se revolvía a la entrada de una casa vieja y abandonada.

-Padre ayúdeme, tengo mucha hambre-dijo el bulto con una voz ronca.

El párroco dio un paso hacia atrás espantado por el hedor a descomposición que salía del bulto con forma humana. Corrió asustado dos cuadras, mirando constantemente hacia atrás. Lentamente recobró la calma y se sorprendió del miedo sin razón que había experimentado.

‘Juanita’-pensó sintiendo un agradable cosquilleo que subía desde su entrepierna. ‘Juanita y su cuerpo firme, su piel suave, su inocencia de chica joven y de provincia, Juanita y su búsqueda de consuelo espiritual y carnal’, una amplia sonrisa se dibujó en su cara y desapareció casi inmediamentamente. Un fuerte remordimiento remplazó el agradable cosquilleo por un vacío en el estómago. ‘Al menos no me meto con niños’ pensó tratando de callar esa desagradable voz interior. ‘Bueno, mejor hago una buena acción y ya’ decidió mientras se daba vuelta y buscaba el maloliente bulto con forma humana.

-Tome señor, que lo disfrute-dijo mientras alargaba el chocolate artesanal. Unos ojos rojos encendidos lo miraron con furia y hambre, una garra de piel verdosa y áspera lo tomó por el cuello mientras un rugido de triunfo salía del bulto con forma humana.

Juanita temblorosa y excitada lo esperaría en vano, porque un mal anterior al hombre, anterior al miedo mismo se había instalado en Ciudad Bipolar. Y pensaba alimentarse hasta el hartazgo.

Mientras suena: Gimme Shelter. Rolling Stones.

Jamás

Diciembre 2, 2009 por Danilo

Levantó el pie del acelerador. Extrañado quería corroborar lo que había visto. O lo que creía haber visto. Sin disimulo alguno giró su cabeza, clavó su mirada en la conductora que parecía haberle sonreído desde el carril siguiente. Comprobó, con un subidón de ego que sí le había sonreído. Todavía lo tengo pensó mientras ignoraba su calvicie mal disimulada, su barriga de sedentario bebedor de cerveza, su cara redonda y sus ojos minúsculos que le daban una extraña apariencia porcina.

Con una seña de su mano, la sonriente conductora le indicó que la siguiera. Dejó volar su imaginación a alturas insospechadas, anticipó proezas sexuales que ni siquiera en su juventud hubiera sido capaz de realizar. Con una carcajada de triunfo aceleró y siguió a la sonriente conductora.

Perplejos, los agentes de policía se miraban mientras tomaban nota, rascaban sus cabezas y elaboraban teorías. Con éste eran cinco los cadáveres de hombres maduros y obesos que aparecían desnudos, sin dientes y sin manos. Eso difilcutaba la labor de identificación. Esa tarde en la rueda de prensa hablarían de un asesino en serie, con seguridad seriamente perturbado, de fuerza extraordinaria.

Esa noche, la sonriente conductora sonreiría con mayor coquetería y seguridad. Jamás sospecharían de una mujer.

Mientras suena: Crazy train. Ozzy Osbourne.

Esta vez

Noviembre 27, 2009 por Danilo

Otra vez ha caminado en sueños. No es necesario que me lo diga. Sé cuando eso le pasa. Sus botas llenas de barro así lo demuestran. Su mirada lejana todavía sueña. ¿Qué habrá visto esta vez? Carreteras polvorientas, un descapotable, un sueño importado, mucho calor, sudor sobre el labio superior y un sombrero vaquero. Sueños cambiantes, a veces logro adivinar sus ensoñaciones, a veces consigo ver a través de sus ojos, a veces solo el blanco silencio de quien sigue soñando, a veces el rojo furioso de quien no quiere compartir sus sueños.

¿Qué habrá visto esta vez? Bosques milenarios, nubes formadas de aliento, su pelo saliendo bajo un sombrero con alitas, copos de nieve despistados, esculturas en madera, perro peludo y cariñoso.

Un puño cerrado, una mano que no se relaja. Una flor amarilla aplastada. ¿Qué habrá visto esa vez? Una pradera infinita, una casa de madera pintada de blanco se ve en la distancia, un árbol gigante a su lado, un camino en piedra conduce hasta la casa, olor a manzanas, olor a vainilla.

¿Qué habrá visto esta vez?

 

Mientras suena: Tangerine. Led Zeppelin.

Bárbara

Noviembre 19, 2009 por Danilo

Inspirado por la avalancha de libros, películas, series y demás que trataban el asunto del amor entre colegas suyos y adolescentes; el vampiro empezó a merodear el exclusivo colegio para señoritas cercano a su morada. Con la paciencia propia de su larga vida las examinó una a una. Para no escapar al cliché escogió a Bárbara. Muy blanca, de pelo muy negro y largo, silenciosa, melancólica, soñadora. Poco a poco se ganó su confianza, lentamente, como el paso del tiempo cuando se está aburrido, Bárbara se enamoró de él. Decidido a continuar con el cliché la invitó a su morada dispuesto a decirle la verdad.

No tuvo paciencia para secar sus venas. En un abrir y cerrar de ojos sacó hasta la última gota de sangre del cuerpo de la bella Bárbara. Sumergió su cuerpo en una solución conservante para preservarla de las ruinas del tiempo. Un hermoso trofeo. Era demasiado viejo y estaba demasiado hambriento para seguir creyendo en cursilerías y clichés.

Mientras suena: Two minutes to midnight. Iron Maiden.

Caída

Noviembre 9, 2009 por Danilo

Mal hermano. ¿Se acuerda que decíamos que ya estábamos curtidos? Eso ya no afecta, ni duele, un resbalón más en la colección no cuenta. Valen los primeros, cuando no se sabe muy bien como funciona eso de levantarse, y menos si no se sabe para qué levantarse. Pero claro viejo, uno cierra los ojos y como quien no quiere la cosa va reuniendo fuerzas muy chiquitas, que casi no se ven, casi ni cuentan, pero un día usted las suma y resulta que sí sirven, que ya se levantó y no se dio cuenta como. Y ahí hermano es cuando uno se equivoca, porque cree que ya sabe como es la jugada, cree que es cuestión de repetir los mismos pasos, claro es que la euforia de la victoria (y uno sabe muy adentro que de victoria nada, si acaso es un empate) todo lo nubla, si usted se sienta a repasar qué fue lo que hizo pues va a notar que no tiene ni idea, pero eso en ese instante no importa, no es momento de ser aguafiestas, porque pa’lante es pa’allá como dice la idiota sabiduría popular, porque si de verdad el pueblo fuera sabio no estaríamos como estamos, pero no nos compliquemos y sigamos; uno está feliz en el error, lleno de confianza y de vuelta al piso, y otra vez a armarse de a pocos, con calma; porque a veces queda todo roto, en fin; es un círculo vicioso, muy vicioso si me preguntan, claro que se aprende, pero todo se olvida, mal hermano. Y lo peor es que esta vez no hay resbalones ni caídas, pero las veo venir hermano, ahí no más las veo.

Mientras suena: Comfortably numb. Pink floyd.